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Falleció Sammy Marrero, cantante de La Selecta de Puerto Rico

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Puerto Rico a 17 de mayo del 2026 º  La salsa está de luto: falleció Sammy Marrero, histórica voz de Orquesta La Selecta de Puerto Rico, una de las más importantes agrupaciones del país, que dejó joyas musicales e himnos de la música tropical.

El mundo de la salsa despide con tristeza al cantante puertorriqueño Sammy Marrero, reconocido como “El Trovador de la Salsa”, quien falleció a los 84 años.

El artista dejó una huella imborrable tras permanecer durante 44 años como una de las voces principales de la legendaria agrupación La Selecta, dirigida por Raphy Leavitt.

Sammy Marrero será recordado por interpretar clásicos que marcaron generaciones salseras como “Cuna Blanca”, “Jíbaro Soy”, “Payaso”, “Soldado”, “Herido”, “Café Colao”, “A la Sombra del Flamboyán”, y “Buen Pastor”, canciones que hoy siguen sonando en fiestas y colecciones salseras de toda Latinoamérica.

Su legado musical queda vivo entre los amantes de la salsa y quienes crecieron escuchando su inconfundible voz.

Su hija dio a conocer el lamentable fallecimiento de su padre, Sammy.

“Con profundo dolor, como familia, queremos informar el fallecimiento de nuestro querido Sammy Marrero hoy, a sus 84 años.

Papi fue mucho más que un gran cantante y una voz querida por el público; fue un ser humano excepcional, un padre amoroso, abuelo, familiar y amigo inolvidable. Su pasión por la música y el cariño que siempre recibió de su gente fueron parte fundamental de su vida.

Agradecemos de corazón todas las muestras de amor, apoyo y oraciones que hemos recibido en este momento tan difícil. Su legado vivirá para siempre en su música, en su historia y en el corazón de todos los que tuvieron el privilegio de conocerlo y admirarlo.

Descansa en paz, papi”.  Anuncio Janissa Marrero.

Hay voces que uno reconoce antes de saber quién canta. La de Sammy Marrero era una de esas. Bastaban dos compases para que cualquier puertorriqueño —en la isla o en cualquier punto de la diáspora— supiera que estaba escuchando algo que le pertenecía. Esa voz pequeña en estatura y enorme en hondura, ese acento jíbaro que no se disculpaba, esa manera suya de pararse frente al micrófono como quien se para frente a un altar.

Sammy fue, durante más de cuatro décadas, la voz que Raphy Leavitt eligió para contarle a Puerto Rico quiénes éramos. No eran canciones. Eran espejos. Y nos mirábamos en ellos los domingos, en los velorios, en las navidades, en cada esquina donde sonaba un radio.

Sammy sabía del dolor. Conoció la velocidad con que una bala puede atravesar una vida y dejar a un padre cantando La Cuna Blanca con la garganta partida. Conoció también la injusticia de que le prohibieran, en su propia tierra, cantar precisamente las canciones que lo habían hecho inmortal. Y aun así, nunca dejó de cantar. Si me caigo, me levanto, dijo en su debut como solista en el 2016. Y vaya que se levantó.

Lo que hoy se nos va no es solo un cantante. Es una manera de ser puertorriqueño. Una que no necesitaba grandes producciones ni autotune para conmover. Que cantaba desde el barrio, desde el río donde su madre lavaba la ropa, desde la décima que aprendió antes que el alfabeto.

¿Por qué será que aquí solo sabemos cuánto vale alguien cuando ya no podemos decírselo a la cara?

¿Cuántos Sammy Marrero tenemos hoy cantando en alguna esquina del país, esperando que alguien los escuche antes de que se nos haga tarde?

Descansa, jíbaro. La cuna blanca es tuya ahora.

– Héctor Marcano

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