Querétaro, enero del año 2000. La ciudad estaba comenzando un nuevo siglo, pero una mañana, algo encontrado en las calles del Centro Histórico provocó una de las investigaciones criminales más recordadas de Querétaro.
Una joven de apenas 14 años, llamada Blanca Érika Zamora Puga, había desaparecido, horas después, trabajadores del servicio de limpia encontraron bolsas abandonadas en distintos puntos del Centro Histórico, dentro había restos humanos. La investigación permitió identificar a Blanca Érika y reconstruir las últimas horas de su vida.

La noche del 7 de enero de 2000, Blanca se encontraba con personas de su círculo cercano, entre ellos estaban Teotli Denith García, Enrique García Martínez, Francisco Olvera Escobedo y Ramsés Emmanuel González García. Lo que ocurrió aquella noche se convirtió rápidamente en una historia rodeada de rumores.
Los medios comenzaron a utilizar el término “darketos” para referirse al grupo, relacionándolo con la escena gótica y oscura que existía en Querétaro. Pero aquí aparece una parte importante de la historia: ser dark o pertenecer a una subcultura gótica no convirtió a esas personas en criminales.
De hecho, la propia comunidad gótica de Querétaro ha señalado que aquella asociación provocó estigma y prejuicios contra jóvenes que simplemente compartían una estética, música y expresión artística.
Sin embargo, en el caso de Blanca, las autoridades sí investigaron declaraciones que hablaban de un supuesto ritual.bLa versión que trascendió públicamente señalaba que durante una reunión ocurrió una agresión que terminó con la muerte de la adolescente, después, los responsables intentaron ocultar lo ocurrido.
La investigación avanzó rápidamente y los cuatro involucrados fueron identificados y detenidos. Con el paso de los años, el caso quedó marcado por una mezcla difícil de separar: hechos criminales, declaraciones de los involucrados, cobertura sensacionalista y una gran cantidad de rumores.

Por eso, cuando se habla de los llamados “Darketos de Querétaro”, no solamente se habla de un crimen, también se habla de cómo una tragedia puede transformar la percepción que una sociedad tiene sobre una subcultura completa.
Los responsables fueron procesados, las sentencias fueron diferentes debido, entre otras cosas, a la edad de los involucrados. Algunas condenas fueron posteriormente modificadas.
Han pasado más de 25 años, el caso continúa apareciendo en la memoria colectiva de Querétaro, y el inmueble relacionado con los hechos todavía es mencionado cuando se habla de la historia negra de la ciudad.
Pero quizá la pregunta más inquietante no tiene que ver con demonios, rituales o leyendas, tiene que ver con algo mucho más humano: ¿Cómo pudo una adolescente terminar siendo víctima de personas que formaban parte de su propio círculo?

Porque detrás del nombre “Los Darketos” existía una persona. Su nombre era Blanca Érika Zamora, tenía solamente 14 años y antes de convertirse en uno de los casos criminales más conocidos de Querétaro, era simplemente una adolescente que estaba celebrando su cumpleaños.
Una vida que terminó aquella noche y una historia que, más de dos décadas después, todavía forma parte del lado más oscuro de la memoria queretana.









